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martes, febrero 03, 2009

Los cristianos no son buenas personas

Este trimestre inscribí una materia de teología, por simple curiosidad histórica y filosófica. En ella estudiamos al personaje de Jesús a través de los evangelios y demás documentos, con el objetivo de descubrir de dónde surgió el pensamiento occidental. En fin, el punto es que el profesor nos pidió llevar una Biblia a todas las clases, libro del que una joven estudiante alejada de la comodidad de su hogar, carece -si eres normal, of course-.

La cuestión es que conseguir una Biblia que no pese mucho y cuya traducción sea decente no es tarea fácil. Las librerías tradicionales te venden un bloque bíblico de 10 kilos, por lo que hay que acudir a las librerías especializadas, a.k.a religiosas. Lo malo de estos establecimientos es que quedan en pleno centro de Caracas, y para nosotros los Baruteños visitar esos lados representa una especie de viaje que requiere cierta premeditación. Después de asistir a varias clases con Biblias prestadas -y si hay algo que DETESTO es pedir cosas prestadas-, decidí emprender un viaje bien downtown hasta conseguir la fulana Biblia.

Admito no ser muy conocedora de las vías del centro, por lo que me aventuré confiando en eso de que "preguntando se llega a Roma". Mala mía, pues más que un viajecito rápido, mi búsqueda de la fucking librería Paulina -o como se llame- se convirtió en una especie de peregrinación.

Primero me hicieron llegar a la Previsora, donde un viejo imbécil me aseguró que ahí estaba una librería cristiana. Cuando por fin encuentro una guarida llena de libros y ancianos, me dije: -"Estoy lista, aquí es la cuestión"; y muy confiada, procedo a entrar. Al ser la única criatura menor de 85 años que se atrevía a pisar ese lugar -me imagino que en décadas-, todo el grupo de momias se dedicó a observarme curiosamente. La momia mayor se dirigió a mi, preguntándome qué buscaba. Ness le contesta: -"Necesito una biblia, por favor".

Silencio generalizado/risas generalizadas.

El señor momia me miró con compasión y me aclaró que en ese sitio sólo vendían libros jurídicos, es decir, nada de Biblias. Salí rápidamente de allí, sintiendo algo de vergüenza por mi profunda ignorancia.

Mucho tiempo y muchas preguntas después, llegué a la fulana librería, que para mi desgracia estaba cerrando. Corrí en cámara lenta a suplicarle al señor padre que me vendiera una biblia, pues yo no vivía por ahi y había pasado toda la mañana buscando el lugar. El sujeto, cual piedra, me ignoró completamente y sólo me decía, "venga el lunes". Después de muchas súplicas sin sentido y miles de pensamientos al mejor estilo "malvado cura impotente", le dije al señor:

¿Pues sabe qué?
Usted no es un buen cristiano.
Los buenos cristianos ayudan al prójimo.
Usted es malo señor, muy muy malo.

¡Cristianas mis nalgas!
*Bueno, eso último sólo lo pensé*

Mister Evilness simplemente terminó de ignorarme y se fue. Con la cabeza baja, y después de la "lloriqueada infantiloide", me largué, esperando no saber nada más del centro ni de las librerías cristianas. Lo más gracioso fue que conseguí la Biblia en una librería de las Mercedes, cuyo dueño me trató de maravilla y confesó ser "totalmente ateo". ¿Qué cosas no?.

Au revoir!